sábado, 15 de julio de 2017

El cuento para niños que Borges nunca publicó / Por Juan Ignacio Orúe

Una tarde de 1981, el escritor recibió en su casa a un grupo de alumnos de 9 años. Para amenizar el momento inventó una historia que los cautivó: les contó el secreto de su longevidad. Uno de los niños creció con ese recuerdo y lo convirtió en libro.

Jorge Luis Borges y la narración de un cuento inédito

Los niños se sentaron en el piso y formaron un semicírculo frente a él, que hablaba pausado desde el sillón verde con las manos sobre el bastón y la mirada ausente, como perdida. Preguntó el apellido a cada uno y les adivinó el origen, incluso la región. Había de Italia, Inglaterra, Francia. Todos lo escuchaban con atención envueltos en un aire de solemnidad después de abalanzarse sobre los caramelos importados que el viejito ciego tenía en una bandeja delicada y fina.

Jorge Luis Borges no tuvo nietos, tampoco hijos, pero en una tarde de 1981, el cuarto grado completo del colegio porteño San Marón ocupó el living de su pequeño departamento frente a la plaza San Martín y por un rato se transformó en el abuelo de todos. Y, claro, les contó un cuento, que improvisó en el momento, un relato sobre el secreto de su longevidad: contó que era un anciano de 82 años porque había bebido agua de tortuga en su infancia.

El autor de Ficciones nunca plasmó en papel ese relato. Fue pura inventiva para cautivar a su auditorio ocasional, que le regaló un paquete grande de masticables Sugus y casi le hace preguntas que la Señorita Delia consideró indiscretas: ¿Cuántas veces ganó el Nobel? ¿Cuántas veces se casó? 

El secreto de Borges (Pequeño Editor) es el libro que rescata la historia improvisada con textos de Matías Alinovi e ilustraciones de Diego Alterleib. Autor de las novelas La reja y París y el odio, Alinovi fue uno de esos alumnos que visitó al célebre escritor aquella tarde remota.

"Eran los años 80 y la pregunta sobre el Nobel era perfecta. Todos los años la Academia sueca amagaba con dárselo. La pregunta que pensó mi compañero Maximiliano apuntaba a la línea de flotación de la experiencia de Borges en esa época y, tal vez, hubiera habilitado una genial ironía de su parte", dice Alinovi.

La visita pudo realizarse porque José Manuel, un chico del grado, vivía con el autor de "El aleph". Era nieto de Fanny, la señora que trabajaba en la casa de Borges. Correntina, había llegado en los años 50 y vivió allí las siguientes cuatro décadas. Conoció bien de cerca el día a día del escritor, el vínculo con su madre y María Kodama, su viuda.

Alinovi grabó la charla en un casete por recomendación de su mamá y, por más que perdió la cinta que había escuchado infinidad de veces, nunca olvidó la presencia débil de Borges, el sillón verde, las manos sobre el bastón, su manera de hablar, lo que decía, el modo de expresar cómo se había preparado para pasar una tarde infrecuente con un grupo de estudiantes, tal vez inquietos, tal vez tranquilos. Recuerda que Borges les dijo: "Tenía miedo de dos cosas: que vinieran y que no vinieran".

El libro no solo cuenta el encuentro, sino también la historia que lo originó. A menudo, después del colegio, los chicos jugaban en la plaza San Martín. Un día, José Manuel le dice a su amigo, con tono desanimado: "Hoy voy a la plaza, pero voy con Borges".

Alinovi se ríe: "Yo ni sabía quién era Borges. No te importa Borges a los 9 años. Solo sabíamos que esa tarde iba a ser diferente. Le conté a mi mamá y me dijo que José Manuel había mentido porque Borges era un escritor muy famoso. Era evidente que no podía ir a la plaza con mi amigo, pero finalmente fue así".

Además de la escritura y las ilustraciones, el libro, que también se editó en China, cuenta con una biografía del escritor y un pequeño trabajo de campo que, a la vez, fue una vuelta a la infancia. Alinovi fotografió algunos sectores de la plaza San Martín y el banco de piedra en el que José Manuel sentaba a Borges, mientras él y sus amigos jugaban.

Alterleib tradujo los recuerdos de su compañero. Al libro -ilustrado con tinta china, intervenido con acuarela y remarcado con acrílico- sumó un aljibe que se hermana poéticamente con el cuento "El hombrecito del azulejo", de Manuel Mujica Lainez, que Alinovi leyó en la misma época que conoció a Borges.

A 31 años de su muerte, el paso del tiempo no aplacó la importancia del célebre candidato al Nobel de Literatura. De hecho, la prensa de Italia, Uruguay, Chile y Alemania se interesó por la historia que cuentan Alinovi y Alterleib. "Creo que el significante Borges es vacío y que, en distintos lugares del mundo, su figura adopta contornos universales. Depurado de las incorrecciones políticas, de una cierta marca de clase, afuera sigue representando al contador de historias ciego, genial, mítico", sostiene Alinovi.

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